Espejo
El edificio estaba en mitad del campo, vencido por las inclemencias y anclado por su invasiva vegetación a un tiempo remoto y olvidado. Muy pocas personas recuerdan quienes habitaban la casa, que niños se hicieron mayores en su patio y cuantas generaciones hicieron el relevo en la inmensa cocina, que por muchos años fue el centro de la actividad de la familia que dormitaba sus habitaciones.
Pero lo más extraño de la casa abandonada se encontraba en su salón. Entre la antigua y levantada solería, rodeado de trozos de cal cayendo de las paredes, se podía ver un espejo.
Impoluto.
Limpio.
Nuevo de aspecto pero soltando un aroma ancestral de su marco de madera, tan bellamente labrado, que nos hace entender que esa obra es de otra época en que los oficios eran arte.
El espejo no tiene manchas, su lámina de plata siguen intacta, no le han afectado ni la humedad, ni el frío, nada. El espejo te devuelve tu reflejo perfectamente nítido. Un trozo de orden que desentona con fuerza en medio de la casa debastada, a medio derruir, cada vez más mayor, más estropeada.
Sólo.
¿Abandonado?
¿Qué historias contaría si pudiese hablar?


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