Mar embravecido

15 julio 2009

Frases de libros

Sólo cuatro meses. Sucedió en el tiempo en que una estación da paso a la otra. Una chica se fue sin más de este mundo. Un hecho insignificante, sin duda, si a ella la consideras uno entre seis mil millones de seres humanos. Pero yo no estoy con esos seis mil millones. A mí, una sola muerte me ha despojado de todas mis emociones.

Kyoichi Katayama

Un grito de amor en el centro del mundo

24 agosto 2008

¿Cuanto dura un recuerdo?

Matilde se crió en un pueblo del sur llamado Campos, donde sus padres se establecieron después de casados. De allí parten todos los recuerdos y la educación que le hacen ser como es. Matilde es ahora una mujer de 30 años, alta, robusta, con un cuerpo bien definido y unos ojos grises que lo miran todo con curiosidad. Es profesora, pues ya desde su adolescencia se veía que le gustaba estar con niños pequeños, y dedica todo su tiempo a su profesión, que ella define más como un hobby. Está felizmente casada, es madre de un niño rubio como su padre y con sus hermosos ojos.
Matilde recuerda mucho sus años de niña en el pueblo que la vio nacer. Allí jugaba todos los días con sus amigos, bajo la atenta mirada de unos vecinos que cuidaban a todos los niños del pueblo como si fueran los propios. Ésa es una de las cosas, si pudiéramos enumerarlas todas, que hacen de Campos un lugar especial. Los niños juegan en la plaza del pueblo y los padres pueden estar tranquilos, pues saben que siempre habrá alguien pendiente de ellos. Cuando Matilde volvía a casa saludaba a los adultos que se encontraba por el camino. Ahora que Matilde es mayor y es madre, siente un gran alivio y le apena que su hijo nunca sentirá tal seguridad en un adulto que no sea uno de sus padres.

Una tarde de invierno le asaltó a Matilde un recuerdo que tenía escondido en algún lugar de su memoria, asociado a su niñez y a sus amigos, a su pueblo en definitiva. Se encontraba en un gran centro comercial ojeando libros, Matilde comparte su pasión por los niños con la que siente por los libros, y vio uno escrito por Joaquín Campos Fernández. Se quedó mirándolo fijamente y el recuerdo cayó de pronto sobre ella. Casi sin creérselo cogió el libro muy despacio, lo abrió buscando en las solapas una foto del autor. Y allí estaba, era él seguro, el nieto de Ana con quien tantas veces había jugado a los vaqueros en la plaza, el chico de la ciudad que tan tímido se mostraba con la gente del pueblo. Estuvo leyendo el resumen del libro y, aunque no era de los que acostumbraba a leer, decidió darle una oportunidad y comprarlo.
Durante los días que estuvo leyéndolo no dejó de recordar pequeñas anécdotas, que ya creía olvidadas, de aquel chico bajito, con el pelo rizado y unos ojos tan bonitos como los de ella. Habían vuelto a ella detalles tan tontos como las chucherías que le gustaban a él. A cada página que leía un nuevo recuerdo surgía ante ella. Y es que la lectura del libro la reconfortó mucho, era sosegada dado el estilo del autor, muy tranquila. En muchas ocasiones el libro te hacía reflexionar y eso le gustó. Tanto que buscó los anteriores que escribió su autor/amigo. Sólo eran tres, los tres de la misma temática. Aun así, los compró.

Para cuando terminó de leerlos, no dejó de darle vueltas a una misma idea que la intrigaba. En los cuatro libros, la protagonista femenina, con distintas descripciones, eran la misma persona, una mujer que no cesó de recordarle a la chica que un día ella fue. No podía creérselo, y de hecho a veces dudaba de ello, pero estaba segura que era ella quien se escondía detrás de Sara, Cristina, Rocío y Julia. Por las noches ese pensamiento la reconfortaba: saber que su recuerdo había perdurado para siempre en Joaquín y lo había usado en sus novelas. Era como si él hubiera inmortalizado a la chica despreocupada y alegre que había sido. Conforme iba leyendo los libros, los recuerdos pasaron de aquel chico a ella, y empezó a recordar lo feliz que era de niña, las tonterías por las que lloraba y las cosas tan simples que la hacían feliz. Recordó esa edad en que nada era lo bastante importante como para ser recordado al día siguiente; regresó a su niñez, su pueblo, su familia, al paisaje, los olores, su colegio, se recordó a sí misma y volvió algo de la niña que fue. Ese día empezó a ser más feliz.

05 abril 2008

Haiku

La espada rota
la armadura oxidada
vencido y sólo


Fugaz

No conozco de ti más que tu figura, y aún así, me haces soñar.

24 enero 2008

Campos

El pueblo de Campos se encuentra a medio camino entre las costas del Atlántico y la sierra que las acompaña siete kilómetros más adentro. Campos es tranquilo, como sólo los pueblos encalados saben serlo. En el aire flota una especie de orgullo trabajador que procede de sus habitantes, Campos fue levantado con el sudor de sus propios vecinos, y eso impregnó las paredes de las casas con una solemnidad que abraza al visitante esporádico que pasa por él. Los habitantes de Campos son amables y amigos de los que entran en el pueblo, con sólo dos o tres visitas Manolo te recibe con un abrazo que oprime el pecho con fuerza, de unos brazos curtidos a fuerza de trabajo. Puedes sentir su latido contra tu pecho y te empapa de una sensación tan familiar que por un momento crees estar en tu hogar. Entrar en Campos cuando sus vecinos te conocen es como pasear por tus recuerdos de la niñez.
Por una razón que desconozco, en todos los patios de Campos hay por lo menos un naranjo, y todos ellos pintan la tarde con trazos de olor a azahar, a la hora en que los pocos niños del pueblo salen a jugar a la Plaza, situada al final de la Calle Mayor y a los píes de la Iglesia, construida antes que el ayuntamiento y de una sencillez exquisita. En la puerta de las casas, las madres vigilan a sus hijos que juegan, normalmente al escondite o al "tu la llevas", pero hay días en que llegan los nietos de algunos de sus habitantes y ese día los juegos cambian, puede ser a indios y vaqueros, o las chapas de las vuelta ciclista. Es la magia de los niños, se adaptan a cualquier cosa con tal de estar con sus amigos, en esa edad en que los amigos son tantos que no puedes contarlos.
Para los que han tenido la suerte de pasar la niñez en Campos hay un recuerdo permanente, arropado en algún lugar de la memoria, que de vez en cuando surge de forma tan espontánea que hace llorar del asombro que causa.
Campos tiene más historias que habitantes, pues cada persona que ha estado en él ha dejado parte de sí entre las almas que lo pueblan, constancia de ello son estas líneas que tratan de describir lo que sólo se puede experimentar en primera persona.

08 noviembre 2007

Dedicado a Xuy

Es lícito doblegar la coherencia de una idea albergada en su seno, siempre y cuando la concordancia explícita en el planteamiento inicial sea original, y compartiendo las consecuencias que son inherentes a la concepción de su magnitud moral. Es por ello, que "los diálogos sin coherencia para estafermos", suscitan en sus creadores reconfortantes dilemas albergados en distintas cualidades.
Más quede claro en este escrito que sueña ser manuscrito, la realidad confirmada de si mismo, es como el hecho mismo de la cosa en si, una paridad concluida.

10 octubre 2007

¿Alguien tiene un tipex?

Es que joder, no veas si me hace falta, llevo días que el corazón se me desborda del pecho, se quiere escapar por esta garganta mía que se traga lo que debía decir. Y claro, todo eso que se traga, pesa dentro, y mi corazón no tiene sitio para él, y se me alboroza, se quiere escapar, que se desborda vaya, y quiere escapar por esta garganta mía y... ¿Lo veís?, necesito un Tipex con urgencia, necesito alzarme sobre mi vida, para verla sobre el papel y pasar páginas para atras, unos meses quizás, y usar el tipex, ¡zas!, ¡zas!, fuera esto que dije, y este compromiso... pa otro día.
Tendría mucho que corregir, pero no estaría perdido, se donde ir, se que página de mi libreta he de corregir. Quito "es que me cae de puta madre" y escribo "¿es que no ves que no se estar tranquilo con ella?". Necesito tachar la mitad de mi libreta y escribir partes nuevas. Usar adjetivos que no están donde debieran, cambiar; mañana por hoy, esperar por llamar, impacientemente por al día siguiente, de acuerdo por no puedo. Y multitud de frases que salieron de mí, sustituirlas por renglones en blanco.

¡Zas!, ¡zas!. Ya está, ya el río que se desbordó hace un año vuelve a su cauce, ya mi garganta no se traga cosas que debía decir, las escupe, deja frases en el suelo y el que quiera que se agache a leerlas, pero ya no me pesan dentro y ya mi corazón no se me desborda. Y con el corazón tranquilo, piensas distinto, y quizás la mire a los ojos y le diga "te quiero", o no, quizás me de cuenta de que todo es una ilusión y me centre en cosas importantes...

Eso sí, el tipex lo usaría sin medida, borraría frases, palabras e incluso páginas enteras. Pero no lo utilizaría para borrar ningún nombre, las personas que aparecen en mi libreta, las que escribieron sus historias en mí, seguirían ahí.

¿Alguien tiene un tipex?

10 septiembre 2007

Historias de seis palabras (III)

Al salir mis miedos seguían esperándome.

09 septiembre 2007

Historias de seis palabras (II)

Si no llamo ella no aparece.

05 septiembre 2007

Tiempo perdido

Está sentado, con la mirada perdida, inmerso en unos pensamientos que rara vez él logra controlar. Sus ojos parecen enfocar algo fuera de su casa, algo que mágicamente él puede ver aunque escape a su visión. Mueve sus dedos de forma rítmica, constante, bailan al son de su pensamiento y del ritmo que flota con suavidad en su salón. Un ritmo que se desvanece y reaparece, un ritmo como humo, que hace volutas que te rodean, escapan de y luego vuelven; el ritmo, como el humo, se escapa de sus dedos si lo quiere atrapar, pero lo él atrae con ese rítmico movimiento, en ese momento lo captura y siente su calor que pasa de su mano a su cuerpo, y ese ritmo lo invade todo. El cuerpo parece latir con la cadencia del contrabajo que se adueña de la banda y la obliga a ir donde él quiera, sus extremidades obedecen a las ordenes de los instrumentos y su mente viaja al ritmo de la música, dibuja para él rostro y lugares, rememora sonrisas que humedecen el corazón y le separa del tiempo que corre al absurdo ritmo de los hombres.
La oscuridad es cómplice de su aislamiento, las sombras espectadores de un silencioso monólogo, el reducido espacio donde se encuentra no puede confinar lo que ocurre en ese cuarto.
Dentro de él, las ideas bullen, las palabras se ordenan y las ideas se aclaran. Con los ojos cerrados y moviendo la cabeza, memoriza lo que una dulce voz femenina, su musa, le susurra al oído. Organiza su trabajo de varias semanas a la vez que se descarga del lastre que lo hundió, dentro de él abre y cierra cajones, escribe en pequeños trozos de papel ideas que luego tacha, corrige, tira algunas y guarda otras. Cuando termina su mente es un desorganizado despacho donde es imposible de trabajar, pero en vez de ponerse nervioso o desesperar, inspira con profundidad y se hunde más en el sillón. Un rápido tintineo mueve su mente, la agiliza y despierta, saca ideas de donde no las había y le arrastra, le hacer dar vueltas por su desorden. No puede evitar mover su cuerpo, si estuviera escribiendo en ese momento no podría hacerlo, las letras se le agolparían entre sus manos, y ese ritmo sigue, sigue, y sonríe como hace mucho que no lo hace y no abre los ojos, no quiere perder la magia que ahora le hace tener piel de gallina. Y sonríe, mueve sus pies y manos, su cuerpo sigue un ritmo que lo ha hipnotizado y pasan los minutos.
Y el tiempo se ha roto como se rompen las cosas frágiles, en mil pedazos que ahogan y que no se pueden recomponer.

Abre los ojos, se levanta, apaga el equipo de música y se sienta delante del ordenador a trabajar. Basta ya de perder el tiempo.

17 agosto 2007

Buscador de rimas

Hola amigos:

Ya sé que esto no es un relato de los que me propuse escribir y luego arrinconé, pero navegando en la red encontré algo que puede servir a los poetas nóveles. Se trata de una página que es un buscador de rimas; introduces tu palabra, le dices si quieres una rima asonante o consonante y hasta puedes pedir el número de sílabas de la palabra (muy apañado para los que no nos damos maña con la métrica). Después de esto, el buscador te da las posibles palabras de sus 500.000.

http://www.mollyandedu.com/


Entrad y curiosead un rato.

11 junio 2007

Historias de seis palabras (I)

Nací sin saber que moriría solo.

03 febrero 2007

Inspiración

Hacía tiempo que perdió su inspiración, terminada su última novela se fue con ella, hasta que llegó una noche.

La inspiración le vino a golpe de tacón, ampliado por el silencio de la noche, reverberando en el asfalto, resbalando por el mojado suelo de la lluvia reciente. La oscuridad cubría la noche y devoraba las estrellas. De lejos la silueta gris se contoneaba con femenina seducción, avanzaba lentamente y con paso regular, sonoro, como sólo los tacones de una mujer saben serlo, con ese sonido hueco, corto y seductor. Conforme se acercaba se matizaban colores en el fondo gris de la silueta.
Por un momento se sintió excitado, no de forma sexual, excitado por el ritual que sabía comenzaría pronto. No era un hombre atractivo, él lo sabía, pero estaba sobrado de ego lo que lo llenaba de confianza en si mismo, y en las lides del amor es sabido que la confianza es éxito seguro. Ralentizó un poco su paso para darse tiempo a verla y disfrutar de su perfil. Mientras hacía esto, cientos de palabras, frases desordenadas y líricas descripciones se agolpaban en su cerebro sin orden ni concierto, él se limitaba a memorizarlas, ya luego les daría forma, las esculpiría como el escultor que hacía de sus ideas obras de arte.
La chica era guapa hasta donde su maquillaje dejaba intuirlo, delgada, de definidas curvas, con un cuello precioso. La curva que se dibujaba de su cuello a sus pechos era suave al igual que la de sus hombros. La mirada esquiva se fijó por un momento en él y al instante se desvió, fija al frente. Llevaba un brazo apoyado en la cadera y en su mano descansaba un cigarro apagado. Nuestro protagonista aprovechó esta situación, se cambió de brazo el libro que llevaba, dejando la mano diestra libre, buscó un encendedor en el bolsillo mientras se acercaba a ella. Sin decir nada, se situó junto a ella y le ofreció fuego. Ella paró, lo miró, y con una sonrisa encendió su cigarro.

-. Gracias – dijo después de soltar una larga calada -.
-. De nada.
-. Muy atento por tu parte.
-. No tiene importancia.

Fue quizás su mirada, pero se frenó en su conquista, esos ojos eran iguales que los que trataba de olvidar hacía años. Por un momento su confianza cayó y ella lo notó. Se alejó con un gesto de su cabeza y no volvió su mirada hacia atrás.
Él siguió su camino, con un montón de ideas que más tarde convertiría en historia, con la inspiración rondándole, una inspiración que después de mucho hacerse esperar llegó a él en la que sería su última noche en este mundo.

Al llegar a la esquina de su callejón, miró al final de la calle donde ella desaparecía para siempre. Este gesto no le permitió ver la sombra que con una puñalada trapera le robaba la vida y el libro que llevaba en su brazo izquierdo.

24 diciembre 2006

Otra vez ella

Por más que temo convertir este espacio en un monográfico, su imagen me ronda con tanta insistencia que me atormenta. Es un sentimiento tan fugaz y esquivo el que me describe su cuerpo, que a pesar de la dulzura que este me transmite, escapa de mi tan veloz como apareció. Y aquí estoy, como el árabe del cuento que quiso atrapar el regalo de su Dios en un recipiente para mantenerlo con él, tratando por todos los medios decirte como el corazón se me pierde cada vez que ella aparece tras su sonrisa. Esta noche, como tantas, sólo tenía ojos para ella, que no palabras, y como siempre me he escondido tras las miradas, temiendo dirigirme a ella consciente de que todos mis actos me delatarían.


Siento pasión
perdido en tu sonrisa
viaja mi beso

19 octubre 2006

Soñé

Anoche estuve toda la noche soñando con ella, soñé que ella hacía de mis brazos su refugio y que nuestros labios hablaban un idioma que sólo constaba de besos; -te quiero-, beso en los labios; -yo también-, beso en el cuello; -abrázame- beso en mi espalda; -te deseo- beso sus muslos, y en ese maravilloso lenguaje hablamos durante horas.
Toda la noche me la pasé soñando que la tenía frente a mí, y podía ver en sus ojos mi sonrisa reflejada. Imaginaba sus labios finos y suaves, plegarse en una suave curva. Veía como sus ojos, fijos en los míos, se mostraban tímidos a sus deseos de acariciarnos. Y yo hacía todo lo que ella deseaba, de ese modo mágico en que los amantes saben lo que esperan el uno del otro.
En mis sueños reposábamos abrazados, quietos durante horas, y suavemente yo acariciaba sus oídos con palabras de amor.
Toda la noche me la pasé soñando con ella, y de todos esos tontos sueños, el más hermoso fue que nuestra edad no nos importaba.