18 diciembre 2011
23 agosto 2011
Celebración
11 mayo 2011
Frase de Federico Moccia
De vez en cuando aparta la vista del libro, cuando lee algún párrafo o diálogo que le recuerda a ella; a su melena rizada que deja caer muchas veces sobre sus hombros y queda a la altura de sus pechos, resaltándolos, como si no fueran lo suficientemente preciosos por si mismos. A sus ojos color miel. A su sonrisa, esa que siempre lleva, porque da igual lo que esté haciendo, Patricia vive su vida detrás de una sonrisa. Con que facilidad puede Julián recordar todos sus detalles; sus manos, sus gestos, sus expresiones tan infantiles a veces.
Entre pausas en las que la recuerda va leyendo el libro, él no lo considera un gran libro pero reconoce que lo lee con curiosidad. De pronto llega a una frase en la que se para, una frase que le gusta.
...Y quisiera una magia que se encendiera por la mañana y no se apagase por la noche. Alguien a quien mirar y a quien decir las cosas que aquí escribo...
Se queda mirando al libro fijamente porque por un momento el autor ha escrito lo que él siempre ha sentido y no ha podido expresar. Relee la frase lenta, pausadamente, le sorprende que describa tan bien lo que siente.
...Y quisiera una magia que se encendiera por la mañana…
…y no se apagase por la noche…
…Alguien a quien mirar…
… y a quien decir las cosas que aquí escribo...
No puede evitar recordar las veces que ha soñado con ella, que tienen una vida en común, que comparten un amor que en realidad sólo él siente.
Cuantas veces se ha imaginado que despiertan juntos, abrazados, y lentamente recorre su cuerpo desnudo con sus labios, besa su boca, sus pechos, besa su blanca barriga y el interior de sus muslos, mientras ella acaricia sus cabellos.
Cuantas veces se ha imaginado que están juntos viendo la tele en el salón de su casa, el acaricia sus cabellos y ella está acurrucada, protegida por el cuerpo de su amado mientras pasan las horas.
Cuantas veces ha imaginado que están cocinando y en un arrebato de pasión la tumba en la mesa del comedor y hacen el amor.
...Y quisiera una magia que se encendiera por la mañana y no se apagase por la noche. Alguien a quien mirar y a quien decir las cosas que aquí escribo...
Esa frase de pronto martillea su cabeza pues le ha hecho ver la realidad, que lleva meses soñando con ella y nada más, no sabe que piensa de él, no se atreve a decirle nada, y está estancado en sueños que lo alejan cada vez más de la realidad.
Es consciente de que ella es inalcanzable para él.
Y llora.
Deja el libro por esa frase, nunca podrá pasar de ahí.
Nunca terminará de leer el libro.
24 octubre 2010
¿Por qué?
La escena nos sitúa en una habitación, decorada con estilo y con la idea de servir de inspiración. Una suave música suena de fondo, apenas se percibe de donde viene. Es de noche, como siempre que él trabaja, abre sus ventanas para que el frescor de la calle lo mantenga despierto. Fuera el silencio se desliza por el suelo y lame todos los rincones de las calles que durante el día han estado transitadas.
En una mesa grande hay un libro abierto, es muy antiguo y parece que está encuadernado en piel. La página por la que está abierto tiene dos grandes dibujos de unas tierras irreconocibles. Es muy grueso.
Al pie de la mesa un charco de sangre crece con lentitud, surge de una garganta rebanada que suelta espumarajos mientras su dueño trata de respirar en vano, sabe que le queda un escaso minuto de vida y eso le hace sentir un pánico terrible que trata de escapar por sus ojos. Desde el suelo ve la enguantada mano que lo ha asesinado, ve como cierra el libro y lo coge para llevárselo, una ultima mirada de su verdugo le muestra un rostro lleno de desprecio y repugnancia hacia él.
¿Por qué?... ¿por qué me odia?... ¿por qué me roba?
15 julio 2009
Frases de libros
Un grito de amor en el centro del mundo
24 agosto 2008
¿Cuanto dura un recuerdo?
Matilde recuerda mucho sus años de niña en el pueblo que la vio nacer. Allí jugaba todos los días con sus amigos, bajo la atenta mirada de unos vecinos que cuidaban a todos los niños del pueblo como si fueran los propios. Ésa es una de las cosas, si pudiéramos enumerarlas todas, que hacen de Campos un lugar especial. Los niños juegan en la plaza del pueblo y los padres pueden estar tranquilos, pues saben que siempre habrá alguien pendiente de ellos. Cuando Matilde volvía a casa saludaba a los adultos que se encontraba por el camino. Ahora que Matilde es mayor y es madre, siente un gran alivio y le apena que su hijo nunca sentirá tal seguridad en un adulto que no sea uno de sus padres.
Una tarde de invierno le asaltó a Matilde un recuerdo que tenía escondido en algún lugar de su memoria, asociado a su niñez y a sus amigos, a su pueblo en definitiva. Se encontraba en un gran centro comercial ojeando libros, Matilde comparte su pasión por los niños con la que siente por los libros, y vio uno escrito por Joaquín Campos Fernández. Se quedó mirándolo fijamente y el recuerdo cayó de pronto sobre ella. Casi sin creérselo cogió el libro muy despacio, lo abrió buscando en las solapas una foto del autor. Y allí estaba, era él seguro, el nieto de Ana con quien tantas veces había jugado a los vaqueros en la plaza, el chico de la ciudad que tan tímido se mostraba con la gente del pueblo. Estuvo leyendo el resumen del libro y, aunque no era de los que acostumbraba a leer, decidió darle una oportunidad y comprarlo.
Durante los días que estuvo leyéndolo no dejó de recordar pequeñas anécdotas, que ya creía olvidadas, de aquel chico bajito, con el pelo rizado y unos ojos tan bonitos como los de ella. Habían vuelto a ella detalles tan tontos como las chucherías que le gustaban a él. A cada página que leía un nuevo recuerdo surgía ante ella. Y es que la lectura del libro la reconfortó mucho, era sosegada dado el estilo del autor, muy tranquila. En muchas ocasiones el libro te hacía reflexionar y eso le gustó. Tanto que buscó los anteriores que escribió su autor/amigo. Sólo eran tres, los tres de la misma temática. Aun así, los compró.
Para cuando terminó de leerlos, no dejó de darle vueltas a una misma idea que la intrigaba. En los cuatro libros, la protagonista femenina, con distintas descripciones, eran la misma persona, una mujer que no cesó de recordarle a la chica que un día ella fue. No podía creérselo, y de hecho a veces dudaba de ello, pero estaba segura que era ella quien se escondía detrás de Sara, Cristina, Rocío y Julia. Por las noches ese pensamiento la reconfortaba: saber que su recuerdo había perdurado para siempre en Joaquín y lo había usado en sus novelas. Era como si él hubiera inmortalizado a la chica despreocupada y alegre que había sido. Conforme iba leyendo los libros, los recuerdos pasaron de aquel chico a ella, y empezó a recordar lo feliz que era de niña, las tonterías por las que lloraba y las cosas tan simples que la hacían feliz. Recordó esa edad en que nada era lo bastante importante como para ser recordado al día siguiente; regresó a su niñez, su pueblo, su familia, al paisaje, los olores, su colegio, se recordó a sí misma y volvió algo de la niña que fue. Ese día empezó a ser más feliz.
05 abril 2008
24 enero 2008
Campos
Por una razón que desconozco, en todos los patios de Campos hay por lo menos un naranjo, y todos ellos pintan la tarde con trazos de olor a azahar, a la hora en que los pocos niños del pueblo salen a jugar a la Plaza, situada al final de la Calle Mayor y a los píes de la Iglesia, construida antes que el ayuntamiento y de una sencillez exquisita. En la puerta de las casas, las madres vigilan a sus hijos que juegan, normalmente al escondite o al "tu la llevas", pero hay días en que llegan los nietos de algunos de sus habitantes y ese día los juegos cambian, puede ser a indios y vaqueros, o las chapas de las vuelta ciclista. Es la magia de los niños, se adaptan a cualquier cosa con tal de estar con sus amigos, en esa edad en que los amigos son tantos que no puedes contarlos.
Para los que han tenido la suerte de pasar la niñez en Campos hay un recuerdo permanente, arropado en algún lugar de la memoria, que de vez en cuando surge de forma tan espontánea que hace llorar del asombro que causa.
Campos tiene más historias que habitantes, pues cada persona que ha estado en él ha dejado parte de sí entre las almas que lo pueblan, constancia de ello son estas líneas que tratan de describir lo que sólo se puede experimentar en primera persona.
08 noviembre 2007
Dedicado a Xuy
Más quede claro en este escrito que sueña ser manuscrito, la realidad confirmada de si mismo, es como el hecho mismo de la cosa en si, una paridad concluida.
10 octubre 2007
¿Alguien tiene un tipex?
Tendría mucho que corregir, pero no estaría perdido, se donde ir, se que página de mi libreta he de corregir. Quito "es que me cae de puta madre" y escribo "¿es que no ves que no se estar tranquilo con ella?". Necesito tachar la mitad de mi libreta y escribir partes nuevas. Usar adjetivos que no están donde debieran, cambiar; mañana por hoy, esperar por llamar, impacientemente por al día siguiente, de acuerdo por no puedo. Y multitud de frases que salieron de mí, sustituirlas por renglones en blanco.
¡Zas!, ¡zas!. Ya está, ya el río que se desbordó hace un año vuelve a su cauce, ya mi garganta no se traga cosas que debía decir, las escupe, deja frases en el suelo y el que quiera que se agache a leerlas, pero ya no me pesan dentro y ya mi corazón no se me desborda. Y con el corazón tranquilo, piensas distinto, y quizás la mire a los ojos y le diga "te quiero", o no, quizás me de cuenta de que todo es una ilusión y me centre en cosas importantes...
Eso sí, el tipex lo usaría sin medida, borraría frases, palabras e incluso páginas enteras. Pero no lo utilizaría para borrar ningún nombre, las personas que aparecen en mi libreta, las que escribieron sus historias en mí, seguirían ahí.
¿Alguien tiene un tipex?
10 septiembre 2007
09 septiembre 2007
05 septiembre 2007
Tiempo perdido
La oscuridad es cómplice de su aislamiento, las sombras espectadores de un silencioso monólogo, el reducido espacio donde se encuentra no puede confinar lo que ocurre en ese cuarto.
Dentro de él, las ideas bullen, las palabras se ordenan y las ideas se aclaran. Con los ojos cerrados y moviendo la cabeza, memoriza lo que una dulce voz femenina, su musa, le susurra al oído. Organiza su trabajo de varias semanas a la vez que se descarga del lastre que lo hundió, dentro de él abre y cierra cajones, escribe en pequeños trozos de papel ideas que luego tacha, corrige, tira algunas y guarda otras. Cuando termina su mente es un desorganizado despacho donde es imposible de trabajar, pero en vez de ponerse nervioso o desesperar, inspira con profundidad y se hunde más en el sillón. Un rápido tintineo mueve su mente, la agiliza y despierta, saca ideas de donde no las había y le arrastra, le hacer dar vueltas por su desorden. No puede evitar mover su cuerpo, si estuviera escribiendo en ese momento no podría hacerlo, las letras se le agolparían entre sus manos, y ese ritmo sigue, sigue, y sonríe como hace mucho que no lo hace y no abre los ojos, no quiere perder la magia que ahora le hace tener piel de gallina. Y sonríe, mueve sus pies y manos, su cuerpo sigue un ritmo que lo ha hipnotizado y pasan los minutos.
Y el tiempo se ha roto como se rompen las cosas frágiles, en mil pedazos que ahogan y que no se pueden recomponer.
Abre los ojos, se levanta, apaga el equipo de música y se sienta delante del ordenador a trabajar. Basta ya de perder el tiempo.
17 agosto 2007
Buscador de rimas
Ya sé que esto no es un relato de los que me propuse escribir y luego arrinconé, pero navegando en la red encontré algo que puede servir a los poetas nóveles. Se trata de una página que es un buscador de rimas; introduces tu palabra, le dices si quieres una rima asonante o consonante y hasta puedes pedir el número de sílabas de la palabra (muy apañado para los que no nos damos maña con la métrica). Después de esto, el buscador te da las posibles palabras de sus 500.000.
http://www.mollyandedu.com/
Entrad y curiosead un rato.

